
La reinvención de Laura Flores.
“Sin caretas” exige Luciana (Laura Flores) tras cachetear a su mayordomo Braulio (Miguel Pizarro). En Al Diablo Con Los Guapos, Laura Flores se ha ido despojando de diferentes caretas, lo que la ha llevado a desplegar una casi esquizofrénica versatilidad histriónica. El alternar los roles de esposa alcohólica, madre sufrida, suegra villana y cómica y esnob dama de sociedad han ayudado a desarrollar todos los matices de la actriz. De paso, han reinventado su imagen.
Antes de Luciana
La carrera actoral de Laura Flores no es ajena a las reinvenciones. De heroína adolescente en las primeras telenovelas juveniles, pasó a ser “galana”. Tras un breve periodo de ausencia, retorno en los 90's como madre-mártir. Sin embargo, ningún otro papel suyo ha sido tan exigente, variado y excitante como el de Luciana Belmonte, en Al Diablo Con Los Guapos.
En los últimos años, Laura Flores se ha concentrado en un solo rol, el de mamá sacrificada, pero sexy. A la vez que llora por sus hijos, la guapa actriz también inspira pasiones. Fue la madre busca-hijos en Siempre Te Amaré y Gotita De Gente. Fue la sufrida madrecita, que, en un Mundo De Fieras, provoca el amor de hermanos gemelos, y la otoñal heroína-madre-abuela, de Piel De Otoño,
Al comienzo de Al Diablo Con Los Guapos, el personaje de Luciana Belmonte parecía una parodia de la Regina, de Mundo De Fieras, siempre tratando de defender a su hijo de las intrigas paternas. Hasta de nuevo estaba casada con Cesar Evora. Pero a poco, la imagen de Luciana dejó atrás la de Regina y la de sus otros personajes. Por empezar, Luciana es alcohólica. Eso ya la hace ser más vulnerable, menos coherente, menos positiva. Inspira lastima, pero no admiración.
Luciana sufre por su adicción y por el desamor de un esposo que vive obsesionado con un amor de juventud, pero ella también tiene un pasado y bastante turbio. No sólo tuvo un hijo fuera del matrimonio, sino que a través de la novela ha presentado a dos padres diferentes de Alejandro.
La misma Luciana, que lloraba tanto por las infidelidades de su marido, era quien lo engañaba con el padre del mejor amigo de su hijo. Aunque parecía estar muy enamorada de su Néstor (Roberto Vander), no evitaba ocasión de darse sus agarrones eróticos con Constancio. Tras perder a Néstor y a Constancio nuevamente, Luciana se las arregló para arruinar la carrera de su ex marido aunque para eso tuvo que sacar del closet a Braulio.
Aparte de casquivana, Luciana es muy ambiciosa. Eso la ha hecho ser enemiga dura de matar de Mili (Alisson Lozz), a quien ve como una ladrona de una herencia que, según la Señora Belmonte, pertenece a su hijo.
Como Luciana es también muy esnob tampoco le parece que sus hijos busquen el amor en los cuartos de servicio y no está dispuesta a aceptar que Alejandro (Eugenio Siller) llore por la ex mucama o que Valeria (Altair Jarabo) se case con el chofer. A Rocky (Ricardo Margaleff) es fácil quitarlo de en medio, pero para separarar a Alejandro de Milagros, Luciana recurrió a un viejo, pero vil, truco de telenovela: hacer creer a Mili que eran hermanos. Con un máximo lujo de crueldad sólo vino a revelarle la verdad, el mismo día que Alejandro se casó con otra.
A lo largo de la novela, Luciana ha hecho alianza con todos los enemigos de Mili: Andrea (Tania Vásquez), Pilar (Michelle Vieth), ahora Florencia (Ariadne Díaz) y hasta con Karla (Margarita Magaña). Con tal de ganar, a ella no le importa quien sea su cómplice. Sus complots sean en contra de Mili o de su infiel esposo no llegan muy lejos, pero en el camino se las arregla para hacer rabiar a medio mundo.
Arpía ambiciosa y mártir alcohólica. ¿Cómo consiguen Luciana, y su intérprete, compensar su maldad y evitar que el público la linche a la salida del plató? Pues, como en todo en esta novela, con una súper dosis de humor. Luciana es un personaje comiquísimo. Recordemos su época cuando quería escribir sus memorias, sus intercambios con Braulio y con Andrea, la amante de su marido, son impagables. Sus parlamentos son de un humor tan negro como el oscuro velo que llevó a la boda de Hugo para que sus amistades no supieran que iba al matrimonio de una mucama.
Laura Flores, quien había demostrado su chispa en programas de comedia, ahora se ha dado el gusto de hacer reír con un personaje que bien podría hacer llorar. Todo a base de exagerar el esnobismo y la perfidia de Luciana. En suma, este es su personaje más interesante hasta la fecha. Uno que le permite exhibir todas sus posibilidades actorales.
En estos días, ha sacado a relucir otra careta, la de mendiga desamparada. Fingiendo ir a rehabilitarse a una clínica, La Sra. Belmonte abandono su hogar para vivir "La Vida Borracha", pero se le acabó el cupo de sus tarjetas de crédito y no tiene ni donde vivir. ¿Qué le falta ahora a Luciana por hacer? Pues sólo arrepentirse y volverse buena.






































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